martes 16 de junio de 2009

Una página de mi diario (Sobre la Sirenita de Andersen)


28 de mayo de 2009:

Escucho: not about love de Fiona Apple, tema apropiado para las circunstancias de hoy que no revelaré aún.
Estoy de angustia nuevamente, ya no amo como antes. Por cosas del azar he releído La Sirenita de Hans Christian Andersen (nada que ver con el happy ending versión Disney cuyos productores no quisieron repetir el efecto Bambi que a tantos niños, incluyéndome, traumó en sus primeras escenas). La anécdota comienza con el encuentro de una chica porteña en Buenos Aires: la escuché dando una conferencia en el Congreso de Mujeres en las Letras al cual fuimos invitadas, la niña hablaba de la extraña recepción de un blog que mantiene, el cual llamó mi atención así que la abordé al final para preguntarle la dirección de la página, la cual se titulaba: http://www.creesquesoysexy.blogspot.com/, resultó ser una de esas literaturas venenosas que a mí tanto me gustan, quizás llena de códigos sureños, pero refrescantemente irónica. Me volví un poco adicta.
El grueso del asunto tiene que ver con un texto en especial posteado allí: Sirenas, que vendría a ser una remembranza del cuento de Andersen, un diálogo inquisidor entre el escritor y la Sirena que le visita. Por lo tanto, releí la historia original del danés. Este cuento siempre me perturbó desde que era niña (yo nunca me vi la versión disneyniana con langosta cantante incluida (¿o era un cangrejo?), sino que leí la versión ruda original que intentaré recrear para todos ustedes a continuación:

La Sirenita por Hans Christian Andersen: paráfrasis by Miss T.

La Sirenita era una niña/pez que vivía feliz con sus hermanas en el fondo del mar sin que la vida marina le maltratara de forma alguna. Cuando tuvo cierta edad y cierta curiosidad quiso asomarse a la superficie del mar, allí se encontró con una tormenta y un soñado y naúfrago príncipe al cual rescató de la muerte porque el solito no se sabía salvar. Sirenita, como toda Sirena que se respete, cantó y cantó al Príncipe moribundo el cual quedó inconscientemente vivo y enamorado de aquella voz que no asoció a su acuática salvadora porque al despertar ésta ya no estaba, (hombre al fin, inconsciente de los sacrificios femeninos). La sirena vuelve su casa marina y regresa para encontrarse de frente con el horripilante y trágico sentimiento que para ella representaría próximamente: Se había enamorado.
Ahora quería ser mujer. (Mujer en el sentido literal, un par de piernas en lugar de cola y si estaban depiladas, mejor). Todo esto con el fin de obtener a su hombre que npi de quién era ella. Desesperada e impaciente acude a otra criatura femenina, no menos extraña: la bruja del mar. La bruja le dice: tendrás tu par de piernas sirenita, sí, pero cada pisada te dolerá como un filoso cuchillo y, a cambio, tendrás que regalarme tu voz y tu alma inmortal ah! Se me olvidaba…sí tu amado se casa con otra y no te ama, tú morirás y te convertirás en espuma de mar! vaya, Sr. Andersen, pisadas como cuchillos, qué imaginación fatal!
La enamoradísima Sirenita acepta las locas, desproporcionadas, dolorosas, riesgosas y poco equitativas condiciones de la bruja esa pensando que su amor lo vale. No lean horrorizados: ¿qué mujer enamorada no hace eso y qué sé yo cuántas irracionalidades que se le ocurran por un amor absolutamente absurdo o incorrespondido?
Ya sin cola y armada de sendas (¿y hermosas? Christian no lo aclara) piernas, la Sirena acude a seducir a su príncipe sin voz y sin manera alguna de decirle que, aunque él no se enamore, tenga en cuenta que a ella le debe su lujosa y superficial vida.
De aquí en adelante empieza una penosa, tormentosa y vergonzosa secuencia: la niña acompaña al indiferente amado a todas partes, respirando el aire porque donde él camina y cuidándolo quien sabe de que (recuerden que cada paso le duele como cuchillada). Luego de algunas indiferencias preliminares él empieza a tomarle cariño: COMO A UNA HERMANA. Un poco cansado de que esa misteriosa y muda niña le fuera tan fiel pero tan silenciosa, él decide casarse con otra bella mujer que era una recién conocida que no lo había salvado de ninguna muerte pero que sí hablaba y además era princesa o condesa o duquesa o qué sé yo que título nobiliario tenía, y como esa otra chica a quien él quería como hermana (nuestra pobre sirenita) lo seguía a todas partes también se le ocurrió la brillante atención (doble humillación) de invitarla al barco donde se efectuaría su funesta boda, mar adentro, con la otra mujer.
Así, la ex_sirena plenamente consciente de que su destino sería convertirse en espuma de mar esa noche cuando se consumara el matrimonio, estaba resignada. Sin embargo, justo antes del fatal momento, salieron al auxilio las queridas hermanas que le dicen lo siguiente:
-Sirenita, hemos vendido nuestros hermosos cabellos y todos los tesoros que teníamos a la Bruja del Mar para salvarte y que no te mueras convertida en espuma…ella nos dio este puñal: por la noche mata al príncipe y a su esposa y volverás a ser una inmortal Sirena y ser feliz con nosotras en las profundidades del Océano.
Pasó que la Sirena amaba demasiado a ese patancito, traidor, ingrato y no los mató nada, sino que lo dejó ser feliz con otra mientras ella dejaba de existir. (¡Toda una dama!) Y al final, dice Andersen, su alma por ser tan buena se va un cielo de las sirenas o algo así. Y ya!

Otro día les cuento el cuento de Giselle, igual de sublime y espeluznante.

Una vez utilicé la imagen de la Sirenita para ilustrarle a un amado hombre la sensación que producía en mí. El me intimidaba de una manera que yo sentía que ninguna palabra que saliera de mi boca podría interesarle, por lo tanto me veía como obligada a probar la seducción muda, (la Sirenita no logra enamorar a su Príncipe sin su hermosa voz), pero la imagen era parecida y yo sí me creí capaz…pero el final de esa historia con ese hermoso hombre es harina de otro costal y otro día la contaré si mi ánimo surge.
Hoy hay otro príncipe que quiere que yo deje de ser Sirena para que lo pueda acompañar a su oscuro bosque lejos de mi mar, sólo que yo ya no creo en brujas, ya no regalo mi voz por nadie.

miércoles 3 de junio de 2009

ALGUNAS NOTAS MUY SUBJETIVAS (PARA HOMBRES Y MUJERES) SOBRE LAS CHICAS QUE ESCRIBEN

1.- No estamos locas ni utilizamos la escritura como terapia, para eso está el psicoanalista.

2.- Es falso aquello de: cuando un hombre escribe (aunque escriba un diario íntimo sobre su invaluable crisis de la mediana edad) siempre será: “objetivo y universal”, en cambio, cuando una mujer escribe “parece que está hablando de su cotidianidad”. Noticia: A veces también la logramos con la ficción y hasta inventamos historias traídas directamente de nuestra imaginación.

3.- ¿Qué es esa palabra de “poetisa”? ¿les molesta mucho ésa “a” en poeta que había que inventar un nuevo término para marcar la diferencia?. En todo caso: ¿por qué no se llaman “poetos” ellos?.

4.- Me pregunto: ¿por qué en las biografías de mujeres escritoras aparecen cosas como: “Alfonsina Storni: era fea.”…¿ qué diablos puede importar este dato en una nota biográfica referida al campo de la literatura?...yo nunca he visto publicado por ahí algo como: Cortázar: era feo (y sí lo era), por dar el ejemplo de otro argentino.

5.-Sobre el prejuicio de subjetividad: tengo derecho, como escritora, a crear un personaje de una mujer que se acuesta con todos, sin que TODO el mundo piense que YO me acuesto con todos.

Perdón si peco de visceral, como seguramente juzgarán, no pretendo entrar en el terreno de los feministas y los estudiosos de género; también hago la salvedad de que me encantan los hombres y mi perdición han sido y serán ellos, pero es que…

7.- ¿Qué les pasa a los hombres? Mejor dicho: ¿qué les pasa a los hombres con las mujeres? Y más aún: ¿qué les pasa a los hombres con las mujeres que escriben? Por un lado, los escritores no leen escritoras a menos que sea poesía (único género más o menos creíble y serio para una chica, según el incomprensible canon literario). Entonces: ¿Cuáles son los lectores de la literatura escrita por mujeres: ¿otras mujeres?

Por otro lado, finalmente, están las relaciones intergénero que no pude evitar sacar a relucir en estas notas, pero es que es un tema.

8.-¿ Qué les pasa a los hombres con las chicas que escriben? ¿Por qué huyen despavoridos cuando se topan con alguna si ellas son tan chéveres? (en serio, son chéveres: sonríen a veces y venden libros, o intentan venderlos) y, además, ¿qué les sucede con lo femenino en general?
Es decir si ellos tienen madres mujeres, hijas mujeres, hermanas mujeres, se enamoran de mujeres (algunos porque la mayoría se enamora de ellos mismos): ¿por qué les cuesta tanto entender el universo femenino en todas sus facetas?.
Señores escritores, señores antólogos, señores biógrafos, señores críticos, señores lectores, señores esposos, señores amantes, señores novios y seudonovios:

HAY QUE ENTENDER LA DIFERENCIA PARA ENCONTRARNOS EN ELLA.

miércoles 4 de junio de 2008

Carta a un Enfant Terrible

Sé que lo nuestro empezó de una forma terrible, tèrrible ènfant. Pero hoy, a casi un año de encuentros intermitentes, y tú viniendo -huyendo de mi vida como péndulo fatal, realmente necesito decirte un par de cosas.

Eres lo más impredecible que haya conocido en la vida. Cuando espero lo peor, resulta ser una genialidad. Irónicamente, esto me ha creado cierta adicción, me gusta andar contigo por la emoción-angustia surreal. Siempre me atormento pensando en como terminará nuestro día, pudiera ser una frase lapidaria, un beso francés, una salida abrupta del carro porque no quiero oirte más, un lánguido abrazo, una lágrima mía, un monólogo tuyo...my love, my vampire.
Flash back.
By phone:
-Estoy en el Centro Comercial.
-Ok. Espérame en la salida del sur.
-Pero no sé donde queda. Estoy en el Centro Comercial.
-Es hacia el sur
-¿Cuál es el sur?
-Hacia el norte queda el Monumento al Sol.
-Eso no me aclara cuál es el sur.
-Mejor espérame en la parada de IMPARQUES
-Pero yo no sé cuál es esa.
-Subes hacia el norte. Por el Parque del Este
-Te repito que NO SÉ cual es el norte y el Parque del Este tiene muchas paradas. ¿Sabes qué hora es? El parque debe estar oscuro y desolado… ¿de verdad quieres que nos veamos ahí? Por qué, mejor, no nos vemos en el Centro Comercial, yo ya estoy ahí.
-NO. Donde te dije.
-está bien, está bien, llegaré.
Mejor no describo la explosiva reacción que detona en ti mi desubicación espacial, amado Jeckill/Hyde. Lo siento, siempre he perdido el norte, nunca entendí las brújulas, nunca entendí el nosotros, nunca entendí tantas cosas de ti. En parte, la devastadora ansiedad que me causa sentir que siempre tendremos un desencuentro, que darás la vuelta al verme ausente en el sitio acordado porque me equivoqué por un par de cuadras, aunque tú sepas certeramente que si me dices el norte yo estaré en el sur, que me dirás que es insólito que no entienda, que no puedes andar con personas tan distraídas, que como es que aspiro tantas cosas y no sé lo elemental, y que, precisamente, yo soy El Extremo. Esto lo dices con tu tono perturbador y neurótico, me tomas del cuello y yo creo que es para matarme, pero es sólo una caricia. Respiro. Tú eres el otro extremo de nuestra absurda balanza, Perro Brando, no eres normal. No.

En fin…
Has sacado del polvo toda mi oscuridad, mi humor gris, mi psicótica sexualidad y, desde luego, una hermosa tristeza que desde que estás se expande en mí como reguero de pólvora… A la vez le ha dado un sentido de profundidad a cada estúpida cosa, desde lo cotidiano a lo mórbido.
Tu disertación sobre el reino animal, por ejemplo.
Medianoche. Umbral de mi casa. Venimos de hacer al amor, como siempre, porque nunca nos encontramos sin que exista esa posibilidad, delicioso vicio ineludible y poco sano, mejor dicho, con sólo palabras no nos logramos entender. Te he escuchado poco más de una hora la descripción de alguna locura argumentada que sólo tú sabes y que yo tanto admiro.
¡Mira la rata!, me ordenas, obsérvala bien, pero, niña, que no pierdas ni un detalle te digo, concéntrate. Yo, inmóvil, miro la rata, reflejo de la analogía que quieres construir, reflejo también, pienso, de mi desesperación por ver la vida a través de tus inquietantes ojos, aunque yo no lo crea, aunque me desdibuje a mi misma en el intento.
Hemos presenciado tantas cosas juntos: tus divagaciones apocalípticas de medianoche after-sex, tus jaquecas después del orgasmo, tu mirada maldad-claridad que todo lo escruta, tu perniciosa y metódica memoria, la inminente oralidad que siempre quieres expresar como sea, con esa pasión tan tuya, y ese oscuro e innegable talento que a mí tanto me sedujo desde el principio, que tantas barreras nos trae.
He escuchado con atención cada palabra que has dicho, todo lo recuerdo sobre ti, Raskolnikov. Desde tus grandes proyectos en el cine, tus delirios metafísicos, el arraigado deseo de tener una familia, hasta la hermosa voz que resuena en mis oídos como grito desgarrador, tus intensas manos, la forma en que me miras cuando te abruma el deseo… Esa única cosa que de mí te ha interesado.
Estás en mis pensamientos, en esta piel que ya no es mía sino tuya, sigues ahí, nocivo, latente y perpetuo, como una cicatriz. No lo escogí así, pero las emociones me han jugado sucio. Hace tiempo que sé esta verdad, sólo no quería decirla: Eres mi hombre, Niño Terrible, pero yo no soy tu mujer.
I`m in love, in love with you...and i'm deeply sorry.
Quiero saber de ti aunque sea en la distancia, saber que estás bien, que finalmente tienes el éxito mereces por ser tan brillante, que seas feliz aunque la felicidad sea uno de los mitos en los que no crees…y que, por supuesto, encuentres ese amor que tanto buscas y que no puedes ver en mí.

Ahora que ya todo lo he dicho, sólo me queda esperar la caída y recomenzar. Me encantas- me aterras, hombre sexy. Te dije que andar contigo era una pesadilla, una montaña rusa con fin en un despeñadero… Me has desarmado y todo está bien.


Gracias por haberme dado tantos intensos momentos, por ser tan buen amante, por hacerme sentir tanto placer carnal y tanto tormento espiritual, por recibir todo lo que intenté darte. Hubiese querido que fuese una entrega absoluta, pero como que estábamos ¿estamos? muy viciados.
Te ama transparentemente,


Maruja

miércoles 16 de enero de 2008

El Baño Femenino...MI BAÑO

A veces dejo que la mugre se acumule en mi cuerpo hasta que no pueda soportarme a mí misma. A veces me da placer entregarme por completo a la desidia, sentir que es mi voluntad entregarme a un estado por completo de abandono...el desorden, la no voluntad de tomar una ducha, es uno de los más actos más volitivos que hay. Para luego entregarme a la limpieza rigurosa, exhaustiva y desquiciante. Es un juego de extremos que me gusta seguir para darle intensidad a momentos tan rutinarios de la vida. Puedo llegar a ser muy sucia (en el sentido literal y figurado de la palabra) pero la mayor de las veces mi tendencia es la limpieza física absoluta.
Contaré todos los tipos de baños que he notado en mí y en otras mujeres, que viene a ser más o menos la misma secuencia, porque yo también soy mujer.
MI BAÑO
Dejo correr el agua conforme mi ánimo decae. Es un chorro intenso, caliente, -muy caliente- que comienza a descender desde el cuello por toda la espalda, cada vértebra de la columna en forma vertical hasta llegar a la forma más sobresaliente de mi parte trasera -y de toda mi anatomía- y perderse entre mis piernas.
En este momento, la gracia consiste en no pensar, sólo sentir el agua como renovadora de toda la carga del día, esa suciedad que se va por el desagüe para abandonarme temporalmente hasta el nuevo baño.
Siempre sentí como una transición abrupta la condición de estar desnuda y seca a estar desnuda y mojada, mi cuerpo tarda un tiempo en asimilarlo sobre todo si el agua es fría. Lo primero es sentir temor ante la repentina irrupción del agua en mí. Odio las salpicaduras que no me espero, como odio entrar en ese infierno mojado sin que mi mente haya hecho las preparaciones necesarias para tal acto. De ahí, que no meto en ese cuarto así de una, es necesario que primero tantee con el pie la temperatura y presión del chorro y luego, poco a poco, voy introduciendo las distintas partes de mi cuerpo hasta cubrirme totalmente de agua. Esto es lo más difícil, de aquí en adelante, en líneas generales, el baño me causa mucho placer, la verdad.
Una vez que ya estoy plenamente empapada y húmeda es que me entrego a las delicias de este ritual, que yo considero divino, porque es el hedonismo total. ( este junto con la maquillada, -cuando tengo realmente tiempo y superando las torpezas motoras que siempre me acompañan-, son los únicos actos narcisistas que me permito y los disfruto al extremo porque sí-). Siempre entro al agua de espalda a la pared que sostiene la ducha porque me gusta sentir la presión primero sobre el cuello y hombros a modo de masaje...así me quedo pegada un laaaargo rato que aprovecho para pensar en estupideces. Estas bobadas pueden llegar a convertirse en pensamientos bastante profundos pero dependiendo del grado de concentración y relajación tal en la que me encuentre, es decir, la intensidad del pensamiento dependerá del tiempo que tenga disponible para mi baño, pero, siempre, siempre, comenzará siendo una banalidad. He aquí algunos ejemplos.
COSAS QUE PUEDO PENSAR CUANDO ME BAÑO
Nivel 1
-(si el chorro de agua que cae en la baldosa tiene un color turbio): qué puerca ando, no me vuelvo a montar en esos rapiditos que me dejan el pelo oliendo a gasolina...
-(si el chorro de agua es rojo): ¡Este puto tinte! Me estoy destiñendo la vida..o también puede ser: ¡Maldición!, ya me bajó otra vez.

Nivel 2
-(Al ver la sombra de mi silueta en el cuarto de baño proyectada por la luz de una vela que a veces pongo cuando me ducho por la noche-, y a través de la cual me gusta jugar a la "bailarina"): Qué bonita figura, qué buena me estoy poniendo.
-(cuando las gotas de agua circulan en zonas erógenas de mi cuerpo, en orden de importancia: senos, cuello, hombros, sexo y todo mi ser en general): qué agradable sensación, ojalá estuviera acompañada...¿POR QUÉ NO ESTOY ACOMPAÑADA?
*(Si me da por masturbarme en pleno baño): EN TI, MI AMOR.
Luego: (al enjabonarme las mismas zonas mencionadas. Lo hago con mucha parsimonia y suavidad, sin movimientos bruscos porque considero a mi cuerpo muy sensible y, por tanto delicado, así que escojo un jabón bien cremoso y deslizante que, literalmente, me acaricie como me merezco. Como me queda gustando la sensación creada por mi misma, la repito varias veces desde el cuello hasta los pies, haciendo especial énfasis en mis pechitos que siempre me miro -ordenándoles que: ¡crezcan!, por favor-, y en la de abajo para eliminar cualquier rastro de humedad que se haya albergado en ella durante el día (sea ésta del origen que sea: sudor, excitación, etc): ummmm: ¿por qué nunca me tocan así? Las mujeres queremos que nos hagan el amor de la misma forma en que nos duchamos. De la misma manera en que preparamos una escena de amor, viene a ser metáfora del baño: la preparación del acto, la relajación, la concentración , la manera de tocarnos, las sensaciones y las variaciones según el caso, entre las que yo he notado:
*Los Baños de Rutina: Casi siempre matutinos, necesarios para ir al trabajo o salir de la casa a cualquier parte, al igual que muchos coitos que tienen esas mismas condiciones, son rápidos, mecánicos y necesarios e incluso "para salir del paso", obligación ineludible, pues. No hay tiempo de pensar en nada, salvo en que hay que hacerlo rápido y ojalá terminemos pronto.
*De despojo: Generalmente para el final del día. Pensamientos de evaluación: si el día fue bueno, durante la ducha se nos viene una película de momentos y el baño resulta ser más duradero para la expansión del recuerdo y un estado casi autista de contemplación. Si por el contrario el día fue pesado o algo negativo, el método de limpieza resulta ser más agitado y agresivo, pero, finalmente, renovador, como si el peso acumulado y las malas decisiones cotidianas se fueran por el desagüe para siempre, o, por lo menos, esa es la imagen que se me ocurre que debiera pasar.
De Ritual: Viene a ser lo mismo que una masturbación, son bastante íntimos y personalistas. para pasársela bien con uno mismo. Sólo para cuando se dispone de mucho tiempo libre y/o son necesarios para alguna terapia antiestrés. Accesorios: velas, esencias, burbujas, música, etc.
-Los baños de Preámbulo: Son aquellos que logramos hacer de forma premeditada, exhaustiva y minuciosa previa a algún acontecimiento muy importante, casi siempre asociado con lo sexual: cita con hombre soñado, aniversario o celebración, noche de bodas, primer encuentro con posibilidad de tener sexo, etc. Existe una gran diferencia entre bañarse porque toca hacerlo que bañarse pensando en que otra persona posiblemente se acerque a olerte el alma. Suelen ser de larga duración y bien rigurosos en la higiene sobre todo en las partes más íntimas...incluye, en ocasiones, depilación con crema, uso frenético del jabón, muchas esencias-todas con las que se cuenten- y preparación psicológica mientras se hacen todas estas cosas para aumentar la expectativa.
ACOMPAÑADOS. Si tenemos suerte, es la mejor experiencia de la vida. Erotismo y placer totales. Son un poco inútiles con fines higiénicos (pero tengamos en cuenta que es una ventaja contar con la ayuda de una mano extra que pueda enjabonarle la espalda y otras cosas al otro).
Nivel 3.
Evaluación.
Si estoy muy concentrada en mis pensamientos, tengo tiempo, y le he sacado provecho a la comunión con mi cuerpo y la intimidad; puedo llegar a un nivel muy intenso de erotismo. A veces imagino (y esto es mezcla de paranoia real con placer) que alguien me observa mientras me baño desde algún lugar, entonces me vuelvo pudorosa a la vez que estimula mis sentidos. Pasada esta fase hedonista, evalúo una que otra cosa que sienta que está fallando en mi psiquis o en mi conducta: es crucial hacerlo bajo la ducha o mientras me estoy vistiendo, porque es como si al no tener ropa encima estuviese más expuesta a la sensibilidad y a los reproches que me hago. En este estado, que ocurre muy esporádicamente, suelo hacerme preguntas como ¿por qué estoy sola? ¿por qué hice esto o aquello? ¿cuándo me voy a dar cuenta de lo elemental? ¿por qué sigo viva? Etc-.

Esto es, en líneas generales, lo que me pasa por la cabeza mientras me baño, con sus variaciones según los tipos que expliqué. Es distinto en cada mujer, supongo, pero en esencia es lo mismo, lo femenino nos lleva a tal estado de concentración, manía, profundidad, egocentrismo, hedonismo, erotismo... que lo reflejamos en actos al parecer tan cotidianos y mecánicos como este, pero llenos de misterio y cosas que ni siquiera nosotras descubriremos del todo. De lo único que tengo realmente certeza, y sé que todas las mujeres sabemos, es que no existe mejor perfume en la vida que el de una mujer recién bañada.

miércoles 5 de diciembre de 2007

El sexo en sus tres actos habituales

EL PRE

- Estás muy linda hoy.
-¿parquecito? Hace mucho tiempo que no me subía a un tío vivo, qué bonito.
-te voy a leer “Carta al Padre”, para que veas en lo que ando
-Está bien
-…
-No voy a hacerlo contigo hoy
-Sí quieres
-Sí quiero, pero no lo vamos a hacer
-…
-no me mires así. Nada va a pasar
-…vamos, que llueve…
-no me hagas eso, no te aproveches.
-…
-ay bueno…


EL SEXO
¿Cómo describir este momento? Nos albergamos de la lluvia en aquel gran salón del edificio. Ven, niña, aquí abajo para que hablemos…tú puedes venir a refugiarte aquí cuantas veces quieras…
Entonces, me pregunto: ¿por qué un beso no puede ser solamente un beso? Just a kiss. Un beso de los buenos. Me gustas tanto y tú también me gustas, aprovechémonos el uno del otro. Te desvisto como niña inexperta, con susto y nervios, tú no. ¿Seguro que aquí no entra nadie? Que no, tranquila, ¿sí escuchas los pasos? Pero ellos nunca vienen.
Siempre tienes la última palabra, el movimiento correcto, la salida perfecta. Me resistí al principio, esta vez. Nada malo va a pasar, te lo juro, me dices. Lo malo está en ti, cariño. Tú eres muy malo y yo soy muy buena…
-dímelo en un susurro, por favor…
Me llevas a escandalizar mi mano de nuevo, me sigues en cada compás, me arrinconas, me interrogas;

-¿Buena para el sexo?



EL POST

- ¿Esta cosa insana va a ser cada vez que nos veamos? ¿Es que no te puedes controlar?
- No, no puedo. Mejor ni siquiera seamos amigos porque es cada vez que te veo a mí me dan ganas de hacerte el amor.
- Bien. Te beso, (un buen beso), y me voy.



domingo 14 de octubre de 2007

Poema para un hombre

Poema[1]


Yo, que cuando hago el amor no hablo nunca.
Que fui tomada por insensible por guardar en mi interior lo que siento
Que odio al hombre del cuerpo perfecto
Que siempre preferí el placer de mi amante antes del mío propio.
Que sé, es indescifrable saber lo que pienso. Pero te juro es algo bueno.
Que no sé que hacer después del orgasmo
Que mis movimientos son siempre torpes, pero eternamente sinceros.
Que le tengo miedo a las caricias y cuando puedo las rechazo. Lentamente.
Que un día aposté mi virginidad a cualquiera.
Que tengo un fuego por dentro que no he podido entregar a nadie.
Que lloro por todo y en cualquier parte.
Que mi deseo por ti ha transcurrido más allá del tiempo imaginable

Que soy caótica en los momentos más íntimos
Que siempre albergué en mi alma un temor a nada.
Que no puedo dejar de escribirte
Que me atormenta el destino de los si condicionales porque sé que a mí nunca me pasa.
Que quiero morir cuando me hablas de cerca

Que poco me importa si sientes lo mismo
Que pensé mil cosas de las que no fui capaz.

Yo, tu penélope bienal,
del sueño mortífero y mirada intranquila.

Esa misma mujer, tontamente descrita, es la misma que esta noche se debate en el deseo de apagar la luz y recordar su cuerpo en colisión con el tuyo.












[1] Basado en el poema “Derrota” de Rafael Cadenas

sábado 1 de septiembre de 2007

Una noche para hacer (nos) enemigos.

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-Te voy a llevar a un lugar que es muy especial para mí. ¿Estás lista?
-Sí.
Dimos vueltas por la ciudad hasta que oscureció. Hablamos de ballet: de tus amigas bailarinas con las que no te acuestas (esa es la diferencia), de los rituales de tu religión a la cual yo no creo que pertenezcas; de lo bien informado que estás sobre arte, historia, miles de temas, y… que te gusta mucho cómo escribo pero más mi cuerpo porque crees que es el pergamino donde siempre estoy escribiendo…
Es lo más hermoso que me has dicho.
Yo creo mucho en ti, en tu extraordinario talento, en tu evidente inteligencia, incluso creo en tu seductora y real locura. Aun así me pareces poco humilde, eso está bien, pero no sé, me confunde. Esto de tu sobreseguridad con mi hiperinseguridad, sería una colisión mortal.
A veces no sé de qué me hablas, mejor no hablemos, con mirarnos basta. Miradas, caricias, lo mismo de siempre, no te pido nada más.
Hoy será el día, mejor dicho la noche, mi amor, hoy comenzaremos el hermoso arte de hacer (nos) enemigos.
Me dejaste un tiempo sola, me fumé tu porro, mirándote, mientras tú ibas a orinar. Entonces ahí pensé: qué bello eres a lo lejos, cubierto por la noche.
Nos contamos nuestras tristes historias de amor que no nos incluyen a ambos. Después te diría ¿o sólo lo pensé?:- No puedo culparte por enamorarte de otra, el amor es hermoso y yo (te) lo deseo con intensidad, incluso, a ti.

Llegamos.
-Bájate y sígueme.
Te seguí hasta que abriste la cerca de una especie de parque abandonado y lleno de alta maleza, no entendí muy bien qué era, no veía bien. Me cargaste un pequeño trecho del camino para que no pisara nada raro, supongo. Concluimos la caminata frente a un tanque de agua, de los que son enormes, justo frente a la escalera de éste.
-Sube- Dijiste, muy a conciencia del espectáculo visual que yo te iba a dar por haber tenido la ocurrencia de vestir ese día con falda. Subí unos peldaños hasta que me dices:
-Detente, por favor.
Obedecí. Menos mal eres alto. Hice todo lo que me pediste: las poses, las caricias, las frases impúdicas, cualquier cosa que complaciera tu capricho; insólitamente, no tengo explicación para ello. La escalera, el monte, y el otro monte.
¿Soy una cualquiera o sólo una mujer muy apasionada ocasionalmente?
Muy a pesar de la maldita insistencia tuya, en que no hiciera tanto ruido: ¡qué bueno estuvo aquello!, lo sentí en cada milímetro de piel.
Eres la droga adictiva que no necesitaba, el amante ultra peligroso de mi existencia, la pesadilla de hombre de la cual me ha costado cansarme.

Las imágenes de lo que acabábamos de vivir daban vueltas en mi cerebro, alejándome de ti y de las duras cosas que me decías en el camino de regreso, cuando ya la marihuana había caducado en tu discurso para conmigo.
Nos despedimos, ahí, con parquedad, con prisa de no querer vernos más, tú en la búsqueda de tu verdad sin “tentaciones”, si es que eso existe; yo con desencanto, recuerdos, pasiones y este fuego que, por ahora, se extingue.